Si en los últimos años has tenido la sensación de que tu dinero rinde menos, que el mercado está más caro, que llegar a fin de mes es más difícil, no estás equivocado o equivocada. Esa percepción tiene nombre, historia y estructura.
Durante los próximos días vamos a publicar una serie de diez entregas sobre la inflación en El Salvador entre el año 2000 y el 2026. No se trata de hacer política ni de defender ningún gobierno en particular: se trata de entender, con datos y análisis, por qué el costo de vivir en este país ha crecido de formas que los indicadores oficiales no siempre capturan. La pregunta central que guiará toda la serie es aparentemente sencilla pero profundamente compleja: ¿por qué el dinero alcanza cada vez menos, incluso cuando las autoridades afirman que la inflación está bajo control?
El Salvador adoptó el dólar estadounidense como moneda de curso legal en el año 2001, bajo la Ley de Integración Monetaria. Esa decisión eliminó formalmente la posibilidad de devaluar la moneda y transfirió la política monetaria a la Reserva Federal de los Estados Unidos. Desde entonces, el país ha registrado tasas de inflación relativamente bajas en comparación con otros países de la región, lo que con frecuencia se presenta como un logro de estabilidad macroeconómica. Sin embargo, esa imagen de estabilidad convive con una realidad cotidiana radicalmente distinta: familias que destinan más del 60% de sus ingresos a la alimentación, trabajadores cuyo salario real ha caído en términos de lo que pueden comprar, y un mercado de vivienda que se ha vuelto estructuralmente inaccesible para la mayoría.
A lo largo de esta serie analizaremos por qué el Índice de Precios al Consumidor no refleja la experiencia real de la mayoría de la población, cómo los salarios han perdido poder adquisitivo, qué tan limitada es la canasta básica oficial como medida de bienestar, y qué rol juegan las remesas, la ausencia de políticas de regulación de precios y la estructura productiva del país. La inflación no es solo un dato técnico: es un fenómeno que determina quién puede comer, quién puede pagar una vivienda y quién puede aspirar a una vida digna. Mañana, la Razón 2.